Es sin duda, una de las bailaoras, coreógrafas y docentes más prestigiosas de Argentina.

Su mirada profunda esconde el duende que se asoma en su baile. Su fascinación por las danzas españolas comenzó a los 7 años, y ya en su adolescencia descubrió y se enamoró del flamenco, iniciando tempranamente su carrera profesional.

Formó parte del Ballet Al Andalus y participó en los espectáculo “Noche Flamenca”, "Gitanos", "La Casa de Bernarda Alba", "Encantamiento", "Azabache y Luna", "Flamenco-Jazz Amor y locura", "Torrente", "Ay de Mí, Cabaret Flamenco", en el cual da sus primeros pasos como coreógrafa.

Integró el ballet de la zarzuela "Doña Francisquita" en el Teatro Argentino de La Plata y el de la ópera "Carmen" en el Teatro Colón de Buenos Aires.

Impartió clases de Danza Flamenca en la ciudad de Fukuoka (Japón) durante 5 meses y realizó una gira por diferentes ciudades del mismo país con la compañía Latin Dance Carnival. Fue invitada a participar de la Gala de Danza realizada en el Teatro Viganó de Roma (Italia) y bailó en el Tablao Flamenco "El Duende" en la misma ciudad.

Formó la compañía Flamenco Urbano. Su ópera prima "Crash!!! Flamenco de Ruptura" se estrenó en Julio de 2009 en el Centro Cultural Borges con gran éxito de público y excelentes críticas.
Estrenó su espectáculo "Postales de ida y vuelta" en el marco del EFIBA (Encuentro de Flamenco Independiente de Buenos Aires) con gran convocatoria de público, volviéndolo a presentar en el ciclo Almagro Flamenco y en la III Bienal de Flamenco de Buenos Aires.
En 2015 estrenó su tercer espectáculo "Evocaciones. Flamenco de cámara" Una propuesta singular: combina danza española y flamenco mezclando elementos de distintas escuelas, introduce elementos ajenos a estas expresiones como sonidos de la vida cotidiana, fragmentos de textos de Nietzsche y Marco Aurelio en off, una cantante lírica que aborda con ese bagaje las canciones españolas, un vestuario negro con aires contemporáneos. Todo en un formato intimista.

Ingresó en la Compañía de Flamenco del bailaor Adrián Galia con la que realizó el espectáculo "Gigantes del Flamenco" en el Teatro Astral.

Mundus Musica: ¿Cómo fueron tus primeros pasos en el baile flamenco ¿qué recordás en especial de tus primeros maestros? 

Lorena Di Prinzio: Comencé tomando clases de ballet a los 7 años en una escuela de danzas cercana a mi casa. Antes de mi clase dictaban una clase de danzas españolas, veía a las nenas tocar las castañuelas y quedé fascinada. Al año siguiente tomaba las dos clases. Con el paso del tiempo descubrí el flamenco y me enamoré de él. A los 15 años tomé mi primer curso con un bailaor de España, a los 16 años ya bailaba profesionalmente. Un poco más adelante la bailaora Sibila abre la primera carrera profesional de Danza Española en Argentina y luego de tres intensos años de estudio me recibo de Intérprete Superior de Danza Española con el mejor promedio. A la vez formaba parte de su ballet, el Ballet Al – Ándaluz, otra gran escuela. Trabajamos muchos años juntas y ella siempre me apoyó e incentivó para que comenzara mi carrera solista, como bailaora y como coreógrafa.

Mis primeros maestros fueron fundamentales no solo por la gran base de danza que me dieron sino porque ayudaron a forjar mi carácter, mi disciplina y mi gran amor por la danza en general y el flamenco en particular. Cuando comenzás de tan chica los maestros son guías fundamentales para tomar decisiones en tu estudio y en tu carrera. Tuve la suerte de tener maestros maravillosos por los que conservo un gran cariño.

MM:¿Qué bailaoras eran tus referentes? ¿Hay alguna figura que has admirado más a lo largo de tu carrera? ¿Por qué?LDP: Admiro a muchas pero mi preferida siempre fue y seguirá siendo Eva Yerbabuena. Además de admirar su baile y su creatividad, creo que es una artista que se ha sabido reinventar a través del tiempo. Puede fusionar su baile y hacerlo muy moderno pero nunca pierde la raíz flamenca. Cada vez que la veo en escena me conmueve como el primer día.MM: ¿Cuánto hay de libertad y cuánto de esclavitud en el baile profesional?  

LDP: No lo llamaría esclavitud. Creo que, sobre todo en Argentina, estando tan lejos de España, siendo que el flamenco no es nuestro folklore autóctono y sin contar con el apoyo de ningún tipo de entidad cultural ni gubernamental, dedicarse profesionalmente a bailar flamenco y vivir de ello, es una bendición. Es verdad que todo cuesta el doble porque somos nosotros mismos, los bailarines o los músicos que nos dedicamos a esto, los que tenemos que generar nuestros propios proyectos, autogestionarnos, producir y probablemente trabajemos muchísimas más horas que alguien que tiene un trabajo más convencional pero creo que la recompensa es enorme. Amo lo que hago y puedo ensayar durante horas sin darme cuenta. Bailando es cuando me siento más libre.


MM: ¿Sos partidaria de respetar los códigos tradicionales del baile flamenco aunque sin cerrar la puerta a lo novedoso?. ¿Dónde están los límites a la hora de innovar? 

LDP: Siempre tomé al flamenco, y al resto de las danzas que estudié, como una herramienta, como el vocabulario para contar lo que quiero expresar. Si estoy bailando en un tablao soy super respetuosa de los códigos y estructuras tradicionales. Muchas veces nos subimos al escenario sin ensayar previamente con los músicos, pero si todos sabemos lo que tenemos que hacer, manejamos esos códigos y los respetamos, todo fluye y surge la magia. Esas convenciones, esas estructuras son las que te permiten improvisar y ser libre bailando porque sabés que los músicos van a entenderte y acompañarte. Y eso para mí es lo más sublime que tiene el flamenco, la libertad que te da, la comunión entre cante, baile y guitarra es maravillosa.

Por otro lado, cuando creo mis espectáculos no me limito a ningún tipo de estructura y dejo volar mi imaginación. No me gusta hacer tablao en el escenario. Hay una magia en el tablao que la da la cercanía, el espacio reducido, la improvisación.
El teatro tiene otro tipo de magia y te permite jugar con un montón de herramientas más, escenografía, vestuario, iluminación, etc. En mis espectáculos todo cuenta algo, la música que elijo, los ritmos que quiero transitar, los colores del vestuario, a veces incluso utilizo textos, proyecciones, voces en off. Todas las herramientas que me facilitan la danza, la música y el teatro las pongo al servicio de mi obra, pero creo que para poder innovar primero hay que conocer la raíz, saber mucho, estudiar mucho.
Es verdad que está muy en boga el innovar por innovar y no siempre con los mejores resultados. El año pasado viajé a Sevilla para la Bienal de Flamenco, hubo espectáculos con los que quedé fascinada y otros que me decepcionaron justamente por esto de la innovación sin límite, sin ton ni son. La línea es muy delgada y a veces, el pretender ser muy moderno y distinto no da los mejores resultados.

MM: A raíz de tu experiencia como maestra, directora y coreógrafa ¿En qué se deja traslucir el talento en un bailaor o una bailaora?
 


LDP: Hoy están muy de moda los bailaores virtuosos y son extraordinarias las cosas que les ves hacer, pero si no hay algo de fondo, si no hay contenido, si no entregan su alma en el baile, como espectador te quedás vacío. Creo que el verdadero talento radica en poder contar a través del baile, en conectar con lo que sucede en escena en ese momento. Zapatear muy rápido, bailar muy complejo o dar más de giros no basta si no se transmite algo. Sino el flamenco se convierte en un deporte de alto rendimiento y deja de ser un arte. Con esto no quiero decir que la buena técnica y el entrenamiento no sean fundamentales pero creo que el artista debe buscarse constantemente y no quedarse solo en el virtuosismo.

MM: Como persona implicada en la difusión del flamenco en todo el mundo, imagino que te sentirás muy satisfecha del  reconocimiento por la UNESCO del flamenco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. ¿Qué  resultados concretos se esperan de ello?¿Más apoyo para espectáculos? ¿Más estudios? ¿Mayor presencia en los medios de comunicación?

 

LDP: Si, por supuesto, creo que este reconocimiento era necesario y fundamental. A nivel internacional el flamenco es apreciado y valorado cada vez en más países. Surgen alumnos, aficionados y artistas de lugares antes impensados y eso es maravilloso. Hoy se puede disfrutar de buen flamenco en cualquier parte del mundo y cada país le da su sello propio. En nuestro país, no siento que haya dado sus frutos aún. No contamos con ningún tipo de apoyo a nivel gubernamental, ni de entidades culturales. Cuando nos presentamos a subsidios para la creación o divulgación de nuestro arte el porcentaje de espectáculos flamencos seleccionados es mínimo en comparación con otras danzas. Tampoco contamos con un teatro o un ballet nacional de danzas españolas o de flamenco siendo que la cultura hispana está tan arraigada en nuestro país. Sí hay muchos centros españoles que hacen un gran trabajo de divulgación de su cultura pero creo que sería interesante que el flamenco como arte tan completo y ancestral tuviera mayor reconocimiento en Argentina, que pudiera llegar a más personas y que nos fuera más fácil a los que lo representamos aquí la producción y divulgación de nuestras creaciones.


MM: ¿Como percibís el panorama del flamenco en Argentina hoy?

LDP: El flamenco siempre tiene altibajos, hay momentos en los que está muy de moda y otros no tanto. Hoy no está pasando por su momento de mayor auge. Si bien están viniendo muchos artistas de España a mostrar sus espectáculos y dictar cursos, a nivel local cada vez hay menos tablaos y espectáculos de gran envergadura, la proyección laboral para los que están comenzando no es la misma que hace algunos años pero creo que es reflejo de la situación del país en estos momentos.
Sí hay ganas siempre de trabajar, de generar nuevos espacios, de aprender, de enseñar y eso lo mantiene vivo. 


Del 15 al 20 de noviembre se llevará a cabo BA JAZZ 2017, el festival más importante de jazz a nivel local. Con invitados internacionales y los más destacados exponentes del jazz local. Conciertos, proyectos especiales, actividades al aire libre y gratuitas, cine, workshops, clínicas, pistas de baile, Club de Jazz bajo las estrellas, clases y cruces inéditos con los mejores músicos del género.

El Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires presenta la nueva edición del Festival Internacional Buenos Aires Jazz 2017. Sin cambios en la dirección, como todos estos años, se realiza bajo la curaduría y dirección artística del pianista Adrián Iaies, quién tiene el gran logro de realizar este gigantesco festival con eficacia de gestión hace una década.Contará con artistas de jazz local y figuras internacionales que estarán presentes del 15 al 20 de noviembre en 18 sedes de la Ciudad.

La apertura será el 15 de noviembre a las 20.30 h en el Auditorio de La Usina del Arte y estará a cargo del contrabajista y compositor Gary Peacock junto a su Now This Trio que incluye a Marc Copland y Joey Baron, pianista y baterista respectivamente. 

En el mismo escenario se llevará a cabo el concierto de clausura, el 20 de noviembre a las 20.30 h, junto al dúo Terramondo, formado por: Jacky Terrasson y Stephane Belmondo. 

La sección "Conciertos Internacionales" contará con el Trío de Matthew Shipp, el dúo español de Chicuelo y Marco Mezquida, el sexteto del pianista brasileño André Marques y el trompetista norteamericano Ralph Alessique se presentará junto al Trío de Sergio Verdinelli. También el cuarteto de la baterista alemana Eva Klesse, The ChuffDRONE Quinteto de Austria, el Trío italiano de Rita Marcotulli – María Pía De Vito – Israel Varela y la cantante sueca Lina Nyberg junto a su grupo. Además, cinco entregas de “solopiano” con músicos muy diferentes estilísticamente, en la Sala de Cámara de la Usina del Arte, en el Centro de Experimentación y Salón Dorado del Teatro Colón.

La Sala de Cámara de la Usina del Arte se prepara nuevamente para las clásicas propuestas intimistas de "Jazz de Cámara" con cuatro presentaciones inigualables. El guitarrista sueco de jazz más destacado en la actualidad, Gustav Lundgren, lidera su trío de Gypsy Jazz para acercar las composiciones del recordado Django Reinhardt, matizadas con temas originales. El cuarteto liderado por el franco-camerunés Gino Sitson -uno de los grandes secretos del nuevo jazz vocal-, acompañado por un ensamblado trío argentino. Sitson además será el maestro invitado para el Workshop de Canto. Desde Francia, llega por primera vez a la Argentina, Jean-Luc “Oboman” Fillon, quien junto a Guillermo Romero Trío ofrecerá un concierto. Y el baterista estadounidense Joey Baron, luego del concierto de apertura, mostrará un Soloset único. 

La sección de "Cruces", una marca distintiva del Festival de Jazz de Buenos Aires, contará con encuentros impensados entre destacadas figuras argentinas y extranjeras dando como resultado 13 conciertos en Thelonious Club, Café Vinilo y Bebop Club. 

Esta edición presenta cuatro "Proyectos Especiales". La Agenda Piazzolla 25 años, ciclo que la Usina del Arte propuso para conmemorar los 25 años del fallecimiento del bandoneonista durante el 2017. Además, en la clásica colaboración que el Festival brinda a la carrera de Jazz del Conservatorio Manuel de Falla, la Big Band trabajará este año con el trompetista y compositor Ralph Alessi, ofreciendo un concierto final que reflejará esta experiencia. Los dos proyectos restantes conforman una sub-sección denominada "Monk 100 años" en relación al centenario del nacimiento del compositor. Estas dos presentaciones especiales tendrán como protagonistas al Cuarteto del contrabajista Hernán Merlo y un concierto denominado Tres versiones de Monk, donde 3 pianistas de diferente extracción (jazz, tango y folclore), ofrecerán su visión de la música de Monk. 

Celebrando su décimo aniversario, el Festival continúa con su sección al "Aire Libre" con propuestas a cielo abierto en el Anfiteatro del Parque Centenario con artistas locales y cuatro propuestas internacionales. El Quinteto Enraizados y la Orquesta A Saidera desde Brasil, con Pedro Miranda como invitado. Y desde Uruguay, el grupo del guitarrista y cantante Nicolás Ibarburu, y el Trío Oriental formado por el bajista Daniel Maza, el tecladista Hugo Fattoruso y el baterista Fabián Miodownik. Además, la agrupación XL Brass Brandrecorrerá la ciudad brindando conciertos itinerantes por los barrios.




Norris Trio + una: 10 años.
Sábado 21/10, a las 22 hs en "La Casa del Sr. Duncan" (Av. Rivadavia 3832).
Música invitada: Paula Shocron
Reservas: 4958-3633



Los festejos por el centenario de Monk son inevitables: su sonido es de una modernidad a toda prueba y sus composiciones son un desafío para músicos de distintas vertientes. Avanzada la década del 40, en pleno auge del bop que él contribuyó a alumbrar, entraba y salía de lo que todos hacían porque su mundo se extendía aún más allá. Estaba construyendo un cuerpo musical que explotaría en los años siguientes y un estilo interpretativo que ningún pianista emuló, pero todos absorbieron. Desde los clásicos hasta los vanguardistas del free.

Estos cien años llegan repletos de novedades y celebraciones: reediciones en vinilo y en otros formatos, lanzamientos de grabaciones que no habían visto la luz y una infinidad de conciertos homenaje, principalmente en Nueva York y en París. Por lo pronto, el sello Craft Recordings acaba de echar a rodar una edición de lujo con tres vinilos que incluyen los conciertos que registraron Monk y Coltrane en el Five Spot Café en 1957 y el único disco en estudio que grabaron entre abril y julio de ese año. La experiencia fue vital para Coltrane. "Trabajar con Monk me llevó hacia una arquitectura musical del más alto nivel", diría luego el saxofonista. Las sesiones editadas en esta caja bien seductora para coleccionistas incluyen la participación de Art Blakey, Wilbur Ware, Coleman Hawkins, Shadow Wilson, Ray Copeland y Gigi Gryce. Por separado, Sam Records lanzó un CD doble (a la vez en vinilo) con la única banda de sonido registrada especialmente por Monk. Fue en 1959, para la película Las relaciones peligrosas, de Roger Vadim. No es música original, sino algunos de sus clásicos interpretados con variaciones para la película. Por desacuerdos y complicaciones diversas la grabación no fue editada en su momento y quedó abandonada en un archivo (se lanzó, en cambio, un soundtrack con música de Duke Jordan a cargo de Art Blakey & The Jazz Messengers). Pero se recuperó este año, con un booklet de 56 páginas y fotos y ensayos inéditos. Monk tuvo allí compañía de primer nivel: Charlie Rouse y Barney Wilen en saxos, Sam Jones en contrabajo y Art Taylor en batería. Fue una de las pocas ocasiones en las que alistó a dos saxofonistas.


En el alma de tres temas que influyeron decisivamente en el curso del jazz hay tres grandes mujeres. Son las que sostuvieron el ascenso y contuvieron el derrumbe de uno de los grandes genios musicales del siglo XX, Thelonious Monk, compositor y pianista de cuyo nacimiento se cumplen 100 años este mes con celebraciones todo terreno.

El encanto y la fuerza


Pero Monk no habría concebido acaso algunas de sus obras más emblemáticas si no se hubiera cruzado con tres mujeres que resultaron definitorias en su vida y en su introspección musical. Hablamos de Ruby, uno de sus primeros amores adolescentes; de Nellie, su mujer de toda la vida, y de Pannonica, su gran protectora y amiga hasta el final.  Monk quedó deslumbrado con Rubie Richardson, una compañera de su hermana, hacia el fin de su adolescencia. La relación no fue un remanso porque los padres de ella no ocultaban su hostilidad hacia un joven que se alejaba de los cánones esperados. Pero el vínculo quedó inmortalizado en un standard que resultó ser uno de los más versionados por los adoradores de la marca Monk: Ruby, My Dear.

El tema fue originalmente anotado en 1945 con el nombre Manhattan Moods, pero rápidamente varió en el homenaje a Ruby. Monk lo grabó para Blue Note en 1947 y aunque la industria lo imaginó con alto potencial comercial por su melodía y su estimulante movimiento armónico, en las manos de su autor nunca sería una balada de escucha ligera. Si bien el tema pasó inadvertido luego del estreno, Monk insistió y lo registró con Coleman Hawkins y John Coltrane, entre otros. Diez años después, estallaría entre músicos de jazz de sucesivas generaciones, desde Kenny Dorham hasta Joe Lovano, incluyendo una versión con letra de Carmen McRae, inmortalizada en el excepcional disco Carmen sings Monk, de 1988.  El encanto de Ruby quedaría luego eclipsado por quien fuera la mujer de toda la vida y vigoroso sostén de Thelonious, Nellie Smith. Con ella tuvo dos hijos y en sus brazos lo fulminó una hemorragia cerebral. Sucedió en una triste noche de 1982, en la amplia casona de la otra mujer decisiva en su recorrido: su benefactora y protectora Pannonica de Koenigswarter.


Nellie conoció a Monk a los 12 años. Tendría que esperar otros quince para casarse con él. Ella asumió de inmediato que la estrella del músico necesitaría un entorno despejado para brillar. Se transformó en la jefa de la casa y en un estímulo permanente. Monk cristalizó el vínculo en un tema también destinado a perdurar: Crepuscule With Nellie. Lo compuso en 1957, inquieto por una operación de tiroides a la que sería sometida Nellie, y la grabó ese mismo año. Es también una balada, pero con la clásica impronta monkiana, concebida originalmente para avanzar de manera directa, sin espacio para la improvisación. Thelonious pensó en bautizarla Twilight With Nellie, pero Pannonica lo convenció para cambiar Twilight por Crepuscule, enfatizando el título con cierto acento francés. Monk grabó este tema en distintos años y con formaciones diversas. Lo hizo con su inseparable compañero de ruta Charlie Rouse en saxo y también con Coltrane, incluso en las cintas recuperadas del concierto de 1957 en el Carnegie Hall, que luego de años de oscuridad fueron editadas con pompa en 2005. Y hasta en una versión con orquesta de 1959 en el Town Hall de Nueva York, con una poderosa front line que alistaba al mencionado Rouse, Phil Woods, Donald Byrd, Pepper Adams y Eddie Bert, entre otros.

El mundo del jazz reconoció a Nellie como una suerte de pulmotor de Monk. Él hacía la música y ella todo lo demás, hasta verse desbordada por tres empleos a la vez para aguantar la parada cuando a él le retiraron la licencia para tocar en clubes por más de seis años. Se había inculpado en una requisa de drogas para proteger a su amigo pianista Bud Powell y sólo pudo volver al ruedo en 1957.

Nellie debió reconstruir la vida de toda la familia -Monk y los dos hijos de ambos- luego de que, a principios de los años sesenta, un incendio destruyera la casa común con todas sus posesiones, incluido el piano, los discos y hasta los manuscritos originales de las composiciones que se harían famosas. Lo hizo, naturalmente, con la convicción de que la música de su marido estaba destinada a atravesar el tiempo.

Abundan las historias sobre Nellie, así como los testimonios de su fortaleza a toda prueba. Pero una anécdota trivial que Nellie le reveló al escritor Nat Hentoff dice mucho sobre la mirada y el espíritu de Monk. Nellie admitía tener una fobia especial por cuadros, relojes y otros objetos de pared colgados de manera torcida. Conociendo esa manía (o acaso no) Monk se dedicaba a inclinar todo lo que veía a su paso, desbaratando permanentemente la prolijidad del entorno. Nada tiene que ser como todos esperan. Igual que su música.


La aparición de Pannonica, entrada la década del 50, fue un hito para el ambiente del jazz. Conocida en ese mundo como la Baronesa, seguramente llevó alivio a Nellie, porque ocuparse de Monk era demasiado para una sola persona. Hija de Lord Rothschild y destinada a deslizarse por una vida privilegiada, optó por entreverarse con músicos de jazz y se ganó el ostracismo familiar. Charlie Parker murió en su suite del hotel Stanhope. Rescató a varios músicos de la policía y los grandes artistas del género le dedicaron temas y discos. Se contabilizan más de 20 composiciones en su homenaje. La de Monk probablemente sea la más versionada. Se titula simplemente Pannonica y la grabó por primera vez en 1956, dos años después de haber conocido a la Baronesa en París. Ese registro tiene una particularidad: Monk toca el piano y el celeste. La historia de Pannonica con Monk es acaso la más conocida para los iniciados en el jazz. Fue su protectora hasta el final. Llegó a hacerse condenar por tenencia de marihuana para evitar que Thelonious volviera a quedar inhabilitado en el circuito neoyorquino en 1959. Y cobijó a Monk en su vivienda de Weehawken, Nueva Jersey, durante los años más oscuros del músico, preso de un exilio interno que finalmente cercenó su vida.

Toot, el hijo de Thelonious, la definía como Papá Noel y la Madre Teresa fusionados en una sola persona. Así la retrató en un diálogo con Hanna Rothschild, su sobrina y biógrafa: "Ya se tratara de ir a la casa de empeños para rescatar un instrumento musical o de comprar comida porque alguien no tenía qué llevarse a la boca o de ir al despacho del agente inmobiliario para pagar el alquiler de alguien al que estaban por echar a la calle o de ir al hospital a ver a alguno que no tenía quién lo visitara o de todos los aspectos de la existencia humana a los que se enfrentaban los músicos, siempre acudía Nica. Ella siempre respondía".

El período en el que Monk encontró refugio en la casa de Nica, como todos la llamaban, está rodeado de un inquietante misterio. Casi no se dejó ver en esos últimos seis años. Se dice que la Baronesa le había asignado un cuarto despojado pero con un gran piano, para estimular su regreso a la escena musical. Y también que otro inquilino de Nica, el pianista Barry Harris -que aún hoy fatiga clubes a sus 88 años- dejaba la puerta abierta de su habitación para escuchar todo lo que Monk tocaba. Pero a la vez hay otra leyenda perturbadora: la que sostiene que ese piano no tenía teclas, porque según Nica no hacían falta. Toda la música estaba en la cabeza de Monk.

Pannonica murió seis años después que Monk. Él fue un estímulo casi excluyente para ella. Nica solía decir que había conocido a cuatro grandes hombres en su vida: Einstein, De Gaulle, Charlie Parker y Monk. "Pero pensándolo bien se pueden borrar los tres primeros", provocaba. Tiene una atrapante historia propia y varios libros que la relatan, entre ellos el mencionado de Hannah Rothschild. Aunque en verdad no fue sólo una mujer del mundo Monk: fue una pieza clave en la historia del jazz. "Su historia es nuestra historia", dijo alguna vez Sonny Rollins.

Si hiciera falta una excusa, habrá que invocar el centenario monkiano para recuperar el espíritu de su obsesiva pasión por el jazz. La música de Monk siempre sonará a Pannonica.

Fuente: lanacion.com.ar